
La anchoa es uno de esos pescados capaces de generar amor u odio sin términos medios. La amás o la odiás. Y cuando los argentinos hablamos de anchoas, hablamos en general de las de lata o frasquito en aceite salvo algunos viejos inmigrantes tanos como mis viejos que las recuerdan frescas o en esas latas grandes en salmuera que se vendían sueltas en el almacén o que se traían de Mar del Plata como un preciado tesoro.
La mayor parte de la gente con la que hablo, a la hora de comer pescado optan por el aburrido filet de merluza o el cogotudo salmón rosado cuando el bolsillo lo permite.
Y francamente, yo no soy la excepción, salvo cuando voy al Barrio Chino y me traigo los bichos más diversos.
El otro día, cuando fui a lo del viejo pescadero de mi barrio a comprar el facilongo filet, me encontré con unos pescados un poco más grandes que cornalitos, que “me llamaban” con sus ojos vivaces. ¿Qué son? – pregunté. “Anchoas” – me contestó el pescadero. ¿Y cómo se hacen? “Fritos” fue la respuesta. Y me traje medio kilo a casa, poco convencida de freir bichos con molestas espinas incluidas…

Me metí entonces en Internet a buscar recetas, y la idea de hacerlos marinados me atrajo. Como esa noche iba a hacer merluza (que también compré), podía marinar las anchoas y guardarlas para alguna picadita imprevista.
Y puse manos a la obra. Las fileteé. Nunca lo había hecho, pero no fue difícil. Les saqué tripas, cabezas, espinas y quedaron lindas como en la foto!

Tardé media hora para medio kilo. Las sequé sobre papel de cocina, las sumergí en jugo de limón y pedazos de ajos aplastados y las dejé dormir en la heladera hasta el día siguiente.

Cuando las vi al otro día, esa maravillosa carne roja se había convertido en filetes blanquísimos, ya cocidos por el limón. Grata sorpresa. Las enjuagué con nuevo jugo de limón, las sequé bien y las puse en capas en un taper con sal y perejil picado entre capa y capa y las cubrí con buen aceite de oliva.
Las tengo en la heladera y a la hora de “picar algo” las sirvo con unas tostaditas untadas con manteca y coronadas con una anchoa. Y sin receta complicada!
No sé cuánto tiempo se pueden guardar, pero les aseguro que no van a durar mucho en la heladera. Son muy ricas!!!




